Día Mundial del Medio Ambiente

La cáscara de vida que cubre este planeta

En el Día Mundial del Medio Ambiente 2020

‘Soy también una célula de la cáscara de vida que cubre este planeta…si se mueve alguna divinidad adentro del Animal Humano, es el amor. El amor que dirige las otras especies vivas. La amiba, el león.’ Leonora Carrington

Hoy sabemos que la crisis del COVID-19 es el resultado de cómo los animales humanos tratan al planeta Tierra. La incesante explotación de los recursos conduce a la destrucción de los habitats, ocasionando la huida de especies en busca de comida y refugio y, en el caso que nos ocupa, la transferencia de un virus de una especie a otra. Todo en el planeta está conectado; si ignoramos esto, pereceremos.

En este contexto, la obra artística de Leonora Carrington, con su interminable desfile de criaturas fantásticas nos podría parecer un capricho, mera evasión: obras de una artista que decide no ver la realidad y en cambio se regodea en excéntricas invenciones. Sin embargo, esta interpretación confunde profundamente la visión de Carrington. Al contrario, ella fue una pionera del eco-feminismo, consciente de estos temas y de su interdependencia fundamental.

Ella comprendió que la Era Industrial se había originado en una visión utilitaria del mundo, en la cual todos los seres son valorados como instrumentos; un mundo en el que, como dijo Octavio Paz “todo es un para”, donde todo ser debe contribuir a la incesante producción de valor. Pero el planeta no puede ser explotado infinitamente. La incesante búsqueda de riqueza ha conducido al agotamiento de los recursos naturales y la destrucción de habitats enteros, ocasionando la extinción de incontables especies.

Para una mente así, solo lo material cuenta. Las cosas deben cuantificarse, medirse. No existe espacio para la fantasía, solo para las metas, los fines últimos. Solo aquello que existe es real. Uno se olvida que nuestra vida se compone de lo actual y lo virtual, lo vivido y lo imaginado, el presente, el pasado y el futuro. Como dijo T. S. Eliot, otros ecos habitan el jardín. 

Carrington fue tras esos ecos y propuso que la realidad era mucho más amplia. Puede ser virtual, abstracta, imaginada.‘Cuándo uno belleza y fealdad, realidad y fantasía, horror y alegría, no represento sino lo que somos, lo que no nos atrevemos a asumir porque nos da miedo. Es más fácil y menos doloroso tomar conciencia de lo exterior, de la fachada, de los objetos concretos que nos tranquilizan, porque supuestamente son los poseedores de la realidad’. La realidad no tiene límites, siempre excede lo que se puede medir o controlar. Es inabarcable. Admitir esto no es evasión sino, por el contrario, es enfrentarse al abismo de lo desconocido. La realidad excede lo visible, lo exterior. Abarca todas las posibilidades y contradicciones de la experiencia humana, todas sus preguntas sin respuesta. Y mucho más, superando lo que los humanos podemos experimentar o incluso imaginar.

Para Carrington, la apertura a distintas formas de conocimiento era esencial. Por eso, como tantos otros surrealistas, se interesó en las ciencias ocultas, la alquimia, la Cábala y las mitologías de alrededor del mundo.

La criaturas híbridas de Carrington representan el encuentro entre diversas formas de conocimiento, amalgamando tradiciones, complicando y enriqueciendo el significado de sus símbolos. Como ella dijo: ‘todo está conectado con algo más (…) y lo que me interesa es aquello que produce la conexión’. Sus criaturas fantásticas son el resultado de la intención de acercar lo aparentemente no relacionado, en cumplimiento de uno de los preceptos surrealistas: producir lo maravilloso al propiciar el encuentro de realidades lejanas.

Sin embargo, en su caso, lo maravilloso se revelaba por un motivo particular. Los griegos usaban la palabra sympatheia para referirse a la interdependencia fundamental de todas las cosas. Para los Estoicos, esto implicaba una conexión a nivel cósmico, el reconociendo que el cambio en una parte del mundo podía tener consecuencias en lugares lejanos hasta lograr el restablecimiento del equilibrio total. Este es el balance ignorado por el industrialismo, y que nos ha llevado a la destrucción de los habitats alrededor del mundo. Reconocer que jugamos un papel dentro del equilibrio cósmico es necesario si queremos sobrevivir. Toda la obra de Carrington es una búsqueda de esa sympatheia, la conexión profunda entre todas las cosas.

Al entender esto, la escultura y pintura de Carrington adquiere un significado distinto, convirtiéndose en un recordatorio de cómo Occidente ha querido deshacerse de todas las formas de conocimiento ajenas a la ciencia, tales como el mito, la religión y la alquimia. Nos recuerdan que el pensamiento instrumentalista no es el único posible, y que la humanidad ha producido civilizaciones distintas por milenios, entre las cuales existían visiones del mundo más saludables que la nuestra.


Carrington prefería llamarse a sí misma un animal humano femenino, enfatizando nuestra conexión con las otras especies. Como la amiba y el león, somos parte de un sistema en equilibrio. No un ser superior destinado a dominar sobre las demás criaturas, sino simplemente un habitante más, una célula de la cáscara de vida que cubre este planeta.





The skin of life that covers the planet

On the occasion of World Environment Day 2020

‘I am also a cell of the skin of life that covers this planet… if there is a divinity that moves inside the human animal, it is love. A love that guides the other living species. The amoeba, the lion’ Leonora Carrington

Today, we understand that the current COVID-19 crisis is a result of how human animals treat planet Earth. The relentless exploitation of resources leads to the destruction of habitats, causing species to flee in search of food and shelter and, in this case, inducing the transfer of a virus from one species to another. Everything on this planet is interconnected, and we ignore this at our peril.

In this context, Leonora Carrington’s oeuvre, populated by a seemingly endless parade of fantastical creatures, could seem fanciful if not downright escapist: artworks produced by an artist who chooses not to address reality and indulges instead in her whimsical inventions. And yet, this would be to deeply misunderstand Carrington’s vision. On the contrary, she was an early advocate of ecofeminism, very much aware of these issues and their fundamental interdependence.

She understood that the Industrial Era originated in a worldview that instrumentalizes living beings and values them in terms of their usefulness, a world where, in the words of Mexican writer Octavio Paz, “everything is a for”, where every being has to contribute to the endless production of value. But our planet cannot be exploited forever. By ceaselessly seeking riches, we have depleted the planet’s resources and destroyed entire habitats, causing the extinction of numberless species. 

For such a mind, only the material counts. Things have to be quantified, measured. There is no room for fantasy, only for goals, for destinations. Only that which exists is real. One forgets that our lives are composed equally of the actual and virtual, the lived and the imagined, the present, the past and the future. As T. S. Eliot once said, other echoes inhabit the garden.

Carrington followed these echoes and proposed that reality was much more. It can be virtual, abstract, imagined. ‘When I unite beauty and ugliness, reality and fantasy, horror and happiness, I don’t portray but what we are, what we do not dare to assume because it frightens us. It is easier and less painful to be aware of the exterior, of the facade, of the concrete objects that calm us, because they supposedly possess reality’. Reality is boundless, always more than can be measured or controlled. It is intractable. Admitting this is not escapism but, on the contrary, it is facing the abyss of the unknown. Reality is more than the visible, the exterior. It includes the human experience in all its possibilities and contradictions, and all of its unanswered questions. And much beyond, exceeding what humans can experience or even imagine.

For Carrington, an openness to different kinds of knowledge was essential. This is why, like many other surrealists, she became interested in the Occult sciences, alchemy, the Kabbalah and mythologies from around the world. 

Carrington's hybrid creatures represent the encounter between different kinds of knowledge, they amalgamate traditions, complicating and enriching the meaning of their symbols. As she said: ‘everything is connected to something else (…) and what interests me is that which produces the connection’. Her fantastical creatures are the result of this intention of bringing together what seems unrelated, fulfilling one of surrealism’s main precepts: to produce the marvellous by bringing together distant realities.

However, in her case, the marvellous was there for a particular reason. The Greeks used the word sympatheia to refer to the fundamental interdependence of all things. For the Stoics, this meant an interconnectedness at a cosmic level, the acknowledgement that a change in one part of the world would have far reaching effects in distant lands, until an overall balance could be restored. This is the balance that industrialism ignores, and which is leading to the destruction of the world’s habitats. An acknowledgment of our role within the cosmic balance is needed if we are to survive. Carrington’s entire oeuvre is a search for sympatheia, for the deep connection between things.

Once we understand this, Carrington’s sculptures and paintings acquire a different meaning, and start acting as reminders of how the West has pushed aside myth, religion, alchemy and all forms of knowledge that did not meet the standards of science. They remind us that the worldview that turns everything into an instrument is not the only one possible, and that humans have produced other civilisations for millennia, and that in some respects, their worldview might be healthier than ours.

Carrington liked to call herself a female human animal, emphasising our connection to the other species: the amoeba, the lion. Part of a larger balance. Not a superior being destined to dominate over all other living creatures, but just another inhabitant, a cell of the skin of life that covers this planet. 





73 vistas
  • Facebook
  • Instagram
  • Twitter
  • Spotify - Gris Círculo
  • YouTube - Gris Círculo